Unos Días en Beleña

Fecha: 07-09-2010

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Ya estoy de vuelta de vacaciones, esta época que comienza me encanta, empiezo el año laboral, siempre regreso con fuerzas y preparo nuevos proyectos; para mí magazine online estoy pensando en el menú que os enseñaré para otoño, y en presentaros a través de él gente y lugares interesantes. Estos últimos días de vacaciones los he pasado en Beleña, un pequeño pueblo de Salamanca donde viví mi infancia y al que me unen muchos y buenos sentimientos. Con Salvador y su cámara nos colamos en la antigua fragua de mi padre, allí hay verdaderos tesoros, de alguno de ellos tomamos imágenes para elaborar este reportaje y a así contaros curiosidades del lugar.

Esta es una piedra de afilar cuchillos, hachas y otros útiles que se fabricaban en la fragua, parece realmente de otra época aunque mi padre la utilizó hasta hace unos pocos años. y me traen muchas evocaciones.

El embutido de la matanza se guardaba en ollas especiales, eran grandes, de barro, y se metían en los arcones de madera que estaban en las frescas despensas. El hecho de que todos los materiales fueran naturales conseguía que los embutidos se conservaran en buen estado hasta la siguiente matanza y con el tiempo iban adquiriendo sabores y olores diferentes.

En esta imagen los tomates y las verduras están colocadas en una fuente o barreño. La fuente o barreño, que es como se les llama en Salamanca, es de barro, su interior está esmaltado y se utilizaba principalmente para mantener y servir preparaciones frías, gazpachos o leche con pan. Aunque es un menaje muy delicado, muy pocas veces se rompía, pasaban de madres a hijas y se seguían utilizando.

El queso de oveja y el pan los he puesto en la tapa de un hornillo. Los hornillos eran recipientes en los que se hacían los bollos maimones, bizcocho típico salmantino. Son de cobre con una tapa plana. Para hacer el bollo se ponía dentro la mezcla batida del bizcocho y el calor le llegaba a través de las brasas de la lumbre que se ponían alrededor y encima de la tapa. El bollo maimón milagrosamente salía bien; este dulce era indispensable en las fiestas, bodas y otras celebraciones especiales. El hornillo se utilizó hasta la llegada de la “Magefesa” y las cocinas de gas.
A mí me gusta que los cacharros con los que cocino cuenten historias, sean de materiales nobles, de calidad y que cocinen conmigo durante mucho tiempo.